El comienzo

No sé ni como empezar, ni para que empiezo. La verdad, me llegaron un montón de señales de que tengo que empezar a escribir. La última: abro Facebook y me aparece una notificación de que una página que sigo subió un video nuevo: “Escribir nos ayuda”. Bueno señor Facebook está bien, está dentro de mi cabeza. Hace dos semanas, una compañera de colegio me escribió que soñó conmigo, que estábamos juntas en un curso literario, y que yo era buenísima. Nos ponían a trabajar juntas porque ella me podía aportar algo. Yo creo que lo que me aportó fue una señal más.

Siempre creí en las señales, en el destino, en que la vida te va marcando un camino y que si lo ves, si lo notás, es más fácil. A veces lo vemos pero no lo queremos ver. Siempre que me pasó eso me fue bastante mal. Aprendemos por las buenas o por las malas. Y bueno, ya estoy cada vez más afilada y atenta para reconocer las señales y aprender por las buenas. Más conectada.

Esa conexión me generó algo que nunca esperé. En lo que siempre creí fervientemente, pero nunca imaginé que me podía pasar. No se ni dónde arrancó, ni cómo. No puedo decir desde cuándo, qué fue lo que pasó. Pero la verdad es que hoy en día me puedo conectar con la gente que ya no está. A ver, no soy la Medium de Long Island. Ojalá lo fuera. Es mucho más sutil, pero algo así.

Si tengo que decir cuándo fue que empezó, diría en una clase de yoga. Un amigo de mi hermano había fallecido ese fin de semana en un accidente de auto. Mateo. Yo creo que no lo vi nunca, era de la facultad. Capaz en algún cumpleaños, pero nada, tal vez nos saludamos. No tenía ninguna relación con el. Pero cuando me enteré, me rompió el corazón. Por mi hermano en dos sentidos: porque perder a un amigo debe ser desvastador. Una vez una amiga mía estuvo en un accidente y por una hora estuve llamándola porque no la podía ubicar y casi me muero de la angustia. Cuando me atendió el teléfono no le pude ni hablar del llanto que me atragantó. O sea, pensando en ese momento me agarra una angustia en el pecho que me ahoga, más de diez años después.

Pero además, por pensar en que podría haber sido mi hermano. No estaba en ese auto, no estaba con el, nada, pero era un pibe de la edad de mi hermano. En ese sentido, podría haber sido mi hermano. Y yo sin mi hermano me muero. Así que me pasé ese fin de semana y ese lunes pre-yoga pensando en Mateo, en su familia, en sus amigues. En la gente que lo quería, que no lo iba a ver más. En mi hermano, también. Durante la práctica lo pensé, y en la parte final -que es de relajación, son unos minutos de silencio recostades para que toda la práctica se asiente- también. En ese momento, sentí como un espasmo en el hombro izquierdo. Guau, pensé, que loco, pareciera que me tocaron. Y lo volví a sentir. Ok, si, confirmado. Salí de yoga emocionada y le mandé un audio a mi hermano para contarle que me vino a visitar, que sin conocerme me tocó para avisarme que estaba presente. El me escuchó y me dijo “si, no me sorprende, yo se que está bien, gracias por avisarme”. Como si fuera lo mas normal del mundo, ¿no? Yo no se bien como explicarlo, pero yo lo sentí normal y el también. Ya tendré que ahondar, pero somos tres hermanes y les tres tenemos una conexión muy profunda entre nosotres y con el otro lado, que viene de las dos abuelas. A ver, estoy convencida de que no somos una casualidad. Que todo el proceso que viví me lleva a estar cada vez más en contacto, y que esto lo tengo que contar más allá de mi circulo de confianza.

Por dos razones: una, porque cada vez que lo cuento, lo hago re convencida porque lo siento muy en serio, pero con la sensación de que hay gente que no cree en esto y que no lo va a reconocer. Por suerte, cada vez que lo conté con ese miedo, la gente se flashió y se acercó a preguntarme más. La segunda, porque cuando lo cuento termino agotada, con dolor de cabeza, de cuello, de todo. Tengo que limpiarme porque incluso duermo mal. Así que dejarlo escrito y publicado me parece una gran manera de extraerlo y compartirlo con el menor costo para mi y el mayor beneficio para el resto. Gente que cree, gente que no cree, gente a la que le pasa también.

Bueh que digo, no se bien para que escribo. Ya lo averiguaré. 

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