La llegada a meditación
Yoga fue un paso del proceso, un escalón más en mi auto-conocimiento. Cualquier persona que hizo sabe que es un antes y un después, que la conexión que se siente es increíble. Como decía mi Profesora, “alma, mente y cuerpo en un mismo lugar, en un mismo momento”. No es fácil sentirlo, me pasaba ahí -y en algunos momentos, no tooooda la práctica- y en el deporte, nada más. Ahora ya lo ejercité y me sucede cada vez más seguido. Bueno, ahora escribiendo me pasa, no quiero parar pero quiero comer pero no quiero parar. Ya frenaré para cocinar.
Lo que me pasó una vez que mi Profesora falleció es que no tenía ganas de seguir ahí, que se había convertido en un esfuerzo y no en el placer que era antes. No fue lindo aceptarlo pero una vez que lo hice fue liberador. Tenía un día más para hacer alguna otra cosa.
Enero 2019, recién mudada, primer año que había pasado soltera, había hecho 134 cursos profesionales y estaba con el ímpetu académico. Tomando mates en mi nuevo balcón con mi hermano, le comento que me iba a anotar en otra Especialización. Su respuesta fue “che, ¿no te parece que ya es suficiente con tu formación académica, que tenés que darle un poco mas de bola a lo espiritual?” “pero le doy, si voy a yoga y a la psicóloga” “nah, eso es nivel uno, ya estas para otra cosa”. Bueno bueno, al final me quedé pensando. Me contó, durante esa misma charla, que un amigo suyo estaba haciendo un curso de meditación energética, que el quería arrancarlo. Un par de días después le dije que tenía razón, que me pase info de ese curso que capaz me anotaba. Al final nos anotamos juntos, con la promesa previa que si era muy raro para el que yo esté ahi, dejaba. Terminó dejando el porque se fue a vivir afuera -ahora soy hija única nacional- y yo sigo con esto, vía Zoom. Es un flash tan flash y que me llevó a lugares tan hermosos que UF. UF UF UF.
Es una meditación guiada, en grupo. Pero no son sólo mantras, hablamos de nuestros animales de poder, de las palabras, de la gratitud, de las energías, yo no sé ni como describirlo. Es hermoso. Con esto siento que me conecté a otro nivel, es como un resumen de las mil millones de cosas que leí y aprendí en mis cursos anteriores pero ahora si entiendo.
A saber, arranqué con “El arte de vivir”, hice el nivel uno y me copó. Hice nivel dos y me espantó. Amé el silencio, el yoga y las prácticas, fue la primera vez que entré en un estado de meditación en el que “me fui”, pero entendí las técnicas que utilizan para crear el estilo “secta” que tanto se critica. Hice mindfullness, me aburrió. Hice meditación con cuencos tibetanos, me rompió la cabeza pero de forma literal: salí con tanta migraña que no podía funcionar. Hice un curso de Kabbalah y me ENCANTÓ. Pero después hice una meditación individual con la profesora, que era psicóloga y psiquiatra y me tiró MUCHA data que me hizo llorar a mares y entender muchas cosas. Cuando le conté, se puso muy mal que me había dejado angustiada, así que suspendió las sesiones individuales y me sentí culpable. Vi “El secreto” y entendí todo, intenté leer varias veces “La magia” pero nunca pude terminar. Yoga, en muchos lugares diferentes, calculo que no menos de diez. Sólo me encantaron dos profesoras. Capaz me falta algo en la lista, pero se entiende la idea: (me) busqué por todos lados. Y en ese cocktail, al final, me encontré.
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