La vuelta

Hace muchos días que no escribo. En una sentada, una noche, había escrito las primeras diez entradas. Pero después no escribí más. Fue una mezcla de “¿para qué hago esto si nadie lo lee?”, “no tengo tiempo” y miedo. Pero me prendí un sahumerio y paso a explicar.

Primero, hay una persona que está leyendo. Si, una. Vos, no se quien sos, como llegaste, si te pasa algo parecido o si te da curiosidad, pero no importa: gracias. Es loco pero ahora volvió a tener sentido escribir, para que alguien lea.

Segundo, se que estamos en cuarentena y siempre hay tiempo, pero a veces me lleno las horas de cosas para hacer o me quedo tirada jugando con el celular.

Y tercero... esto si me parece serio. No es que se me pasó el miedo, para nada. Pero fue muy loco. Como dije, escribí todo lo anterior en una noche. Al día siguiente, me llama mi vieja y la escucho preocupada. Me cuenta, sin anestesia, que la llamaron para avisarle que la mamá de Nico tuvo un ACV, que tenía muerte cerebral y que era irreversible. Tuve que confirmar la información y llamarla, con un ataque de llanto y una angustia y una BRONCA que no puedo explicar. Cincuenta y pico de años, perdió a un hijo, sufrió muchísimo y dejó a otros cuatro hijes, dos de ellas chicas. Que bronca, como puede ser que les toque tanto sufrimiento, ¿no era suficiente ya, con todo lo que les pasó? Era abuela hacía pocos meses, trataba de salir adelante, que injusto. No se si tiene lógica, pero me sentí responsable, porque había estado trayendo todos los recuerdos de Nico y de sus apariciones, justo la noche anterior. A ver, racionalmente sé que no fue mi culpa, la verdad es que no pudo más con su dolor y se fue con Nico. A los cuatro días la desconectaron y se fue, el mismo día, treinta y tres meses después que su hijo. Juro que siento, con toda mi alma, que está en paz. Que no lo deja de abrazar y de mirar con amor, y sé que está bien. Hay gente que se muere de tristeza, que no puede procesar la pérdida, que no puede más. No es egoista, no es que se dan por vencidos: no pueden. No pudo. Ahora ya está bien. Pero dale, re loco, al día siguiente. Que se yo.

Igual prometo que no voy a dejar de escribir hasta que termine de contar todo. Te lo debo a vos, que estás leyendo.

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