Segunda parte
Me dijo que yo tengo una conexión muy fuerte con las plantas, con las piedras -de las que soy super fan-, que en otras vidas ya fui médium -uso esa palabra- y que tenía “mano verde”, que estaba acá para sanar a mi familia y que tengo que hacerlo desde el amor incondicional, sin juzgar desde la racionalidad, transmitir ese amor como herramienta. Que estas cosas ya las viví, ya las conozco, por eso ahora las reconozco y me son conocidas. Que estoy en el camino correcto, estoy haciendo lo que tengo que hacer y estoy donde tengo que estar. Ese es mi mensaje.
En otra vida, fui un chaman centroamericano. Y también médica, que sané a mucha gente. Que voy a seguir sanando, cuanto más elevada espiritualmente esté, a más gente voy a sanar.
Me preguntó si ya conocía de antes a mi novio, le dije que no. Y me re-preguntó, “pero ya se conocían de antes” y si, es una energía super conocida desde el primer día. Cuando se lo conté a el, me dijo que el siente lo mismo.
Su recomendación fue aprender a leer la información que me iba a llegar, que pida que me hablen en sueños, que los anote. Porque me iban a seguir mandando mensajes, que yo ya tenía el sentido del oído más listo pero que tenía que aprender a canalizar el de la vista también. Un par de meses después, estaba haciendo un asado en el balcón y en el reflejo de la ventana, veía algo raro del lado de adentro. En un momento me di cuenta que sentía que era una persona, el reflejo de la parrilla en el vidrio. Lo vi una, dos, tres veces. Y me avivé: era mi abuelo, apoyado sobre la mesada sobre un brazo, mirándome orgulloso.
Me pasa siempre que cuando llego a entender lo que pasó, me resulta tan obvio que digo “que gila, como no me di cuenta antes”, porque es tan pero tan claro. El proceso es lo que me cuesta más. Como a todos, ¿no?
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